Si has llegado aquí buscando una respuesta a una cuestión médica, no es ésta tu página. Si, por el contrario, buscas conocer a la persona que te asiste, aquel a quien explicas las cosas más íntimas y delicadas, quizás sí que lo encuentres aquí. El conocimiento mutuo comporta, a la larga, el aprecio.
jueves, 13 de mayo de 2010
¿Se pueden justificar médicamente los milagros?
El tema tratado no es nuevo: La fe en la existencia de Dios. Ya la filosofía clásica llegó a la conclusión que este punto (la existencia de un ser superior) no podía ser demostrado científicamente (Aristóteles, Santo Tomás…); que era una cuestión de fe (crees o no crees).
Pero, como ustedes saben, en este apartado solemos hablar de medicina. Y el milagro relatado en la película puede ser explicado, al menos parcialmente, por la ciencia. No desvelo más para aquellos que se animen a verla, al menos, en DVD.
Todo el mundo conoce casos sorprendentes, incluso para los médicos: Curaciones inexplicables, mejorías inmensas y rápidas, evoluciones hacia la salud no justificadas por los estudios previos… ¿Pueden ser considerados estos casos como milagros? ¿No habrá algo de casualidad en el hecho que una persona no evolucione a peor, como ha pasado con el otro 99% de los individuos que han padecido esa misma enfermedad?
Algo así pensé hace unos días, cuando un compañero del centro me habló de una persona que había fallecido de un cáncer de páncreas. Para mi se trata de, probablemente, el peor cáncer que existe. Su supervivencia es mínima. Tras un año con la enfermedad, el porcentaje de personas que aún siguen vivas es de un 15-20% en EEUU (imagino que en el resto del mundo la supervivencia no será mucho mejor). Y si buscamos cuántos de ellos siguen vivos a los 5 años, el porcentaje baja a un 2-4%.
Pues, como les iba relatando, mi compañero explicaba el caso de una mujer que había sobrevivido… ¡10 años a dicha enfermedad! ¿Milagro? ¿Coincidencia?
De todas formas, déjenme que les relate dos reflexiones que se hacen en sendos pasajes de la película protagonista de nuestro artículo:
- En el primero de ellos, un guardia de seguridad, que viene a representar el papel del escéptico respecto a lo que él considera un montaje, le pregunta a un sacerdote: “-Padre, explíqueme una cosa… Está claro que Dios no puede ser a la vez bueno y todopoderoso. Si así fuera, curaría a todo aquel que sufre. Por tanto, o es una cosa, o es la otra; pero no ambas.”
Y la segunda reflexión, en forma de chiste o chascarrillo, la comenta el mismo personaje, otra vez delante del sacerdote, y de otro compañero de seguridad. Dice así: “Estaban Jesús, el Espíritu Santo y la Virgen María en el cielo, intentando decidir cuál sería el destino de sus próximas vacaciones. Jesús sugirió:
- Vayamos a Belen.
- No, a Belen no – contestó el Espíritu Santo-. Cada año voy allí. Vayamos a Jerusalem.
- No – contestó Jesús-. Allí he vivido 33 años. Vayamos a Lourdes…
- ¡Genial!- Contestó la Virgen- Allí no he estado nunca…
viernes, 7 de mayo de 2010
¿Tendremos alguna recompensa si seguimos los hábitos saludables?
Por tanto, no nos ha de extrañar que alguien se haya dedicado a realizar el estudio que hoy les vamos a presentar, y que pueden encontrar en el siguiente enlace: http://news.yahoo.com/s/ap/20100427/ap_on_he_me/us_med_bad_habits_survival_6 . El estudio aparece publicado en Monday’s Archives of Internal Medicine, y originalmente está escrito en inglés. Es por ello que, abusando de su confianza, me he permitido traducirlo y resumirlo. He aquí el resultado.
El estudio se realizó en Gran Bretaña, y participaron algo más de 5000 individuos, que fueron divididos en varios grupos, en función de la presencia o ausencia de los siguientes factores de riesgo:
- Ser fumadores. En este sentido, la ausencia de factor tabaco estaba representada por aquellos que no fumaban, sumados a los que abandonaron el hábito hace años.
- Beber, al menos, 3 bebidas alcohólicas al día, en el caso de los hombres; o más de 2 bebidas con alcohol al día, en el caso de las mujeres.
- No hacer ejercicio físico habitual, o hacerlo menos de 2 horas por semana.
- No comer suficientes piezas de fruta y verdura diariamente (en este caso, el punto de corte eran 3 piezas/día).
A esta cohorte de individuos se les siguió durante 20 años (evidentemente, a todos aquellos que no abandonaron el estudio o que fallecieron durante el mismo). Y los resultados son bastante clarificadores. Por ejemplo, por comparar los extremos opuestos de este estudio:
- Entre toda la población a estudio, 314 individuos tenían los 4 factores de riesgo citados. Y de ellos, 91 (un 29%) murieron durante el estudio, a causa, como se vio en la autopsia realizada, de enfermedades cardiovasculares o cancerosas, claramente relacionadas tradicionalmente con los factores de riesgo citados.
- 387 individuos no tenían ninguno de los factores de riesgo, y de ellos, sólo 32 fallecieron (un 8%).
Pero esos son los datos brutos, estadísticos. Y la gente, lo que quiere saber, es cómo estaban, en apariencia, aquellos individuos que tenían los 4 hábitos no sanos. La propia Dra Elisabeth Kvaavik, investigadora principal del citado estudio, y que ejerce su profesión en la Universidad de Oslo, indicaba que los citados individuos parecían tener 12 años más que los que estaban exentos de dichos factores de riesgo.
A priori, se podría pensar que los criterios para definir los hábitos insanos son bastante restrictivos. Pero la propia Kvaavik indica que, por ejemplo, el gobierno de EEUU recomienda, al menos, 4 piezas de fruta o verdura diariamente para adultos, y no menos de 2 horas y media de ejercicio por semana. Y otras Guías de Práctica Clínica consultadas también tienen criterios más exigentes para considerarlos como saludables.
jueves, 6 de mayo de 2010
¿Eres un adicto al sexo?
Porque, ¿realmente estamos hablando de una nueva enfermedad? ¿O más bien estamos ante un nuevo triunfo de aquellos que se empeñan en catalogarlo todo?
Para comenzar, decir que si buscamos en el DSM IV (http://es.wikipedia.org/wiki/Manual_diagn%C3%B3stico_y_estad%C3%ADstico_de_los_trastornos_mentales#Trastornos_sexuales_y_de_la_identidad_sexual) o en la CIE 10 (http://es.wikipedia.org/wiki/Lista_de_c%C3%B3digos_CIE-10) , Manual de Psiquiatría y de enfermedades mentales por excelencia, y Catálogo Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud respectivamente, no encontraremos ningún trastorno que reciba ese nombre (Adicción al Sexo). Ni ese nombre, ni ningún otro similar. De todas formas, Eduardo Cabrera, que es profesor del Instituto de Psicología y Psicoterapia Post-racionalista de Roma concedió una entrevista hace unos días (la pueden encontrar íntegra en el siguiente enlace (http://www.laprovincia.es/sociedad-futuro/2010/04/30/masturbacion-regulador-emocional/298997.html) ) donde, a una pregunta al respecto de la entrevistadora, venía a decir que “el comportamiento sexual no está definido en los manuales de referencia de psicólogos y psiquiatras… esperamos que en 2011 ó 2013 se pueda definir un síndrome que se va a denominar hipersexualidad…”
Por lo tanto, de Adicción al sexo, a la hora de hablar de enfermedad, nada de nada. No existe (al menos, no en los manuales que utilizamos habitualmente los médicos).
Pero además, como explica en el mismo artículo el profesor Cabrera, también es exagerado el término “Adicto al sexo”, que tan festivamente va expresando por ahí la gente. El Dr Cabrera explica que, para hablar de adicción “ha de tratarse de una actividad que se realiza de manera compulsiva… convirtiéndose en una prioridad vital, hasta el punto de interferir en la vida cotidiana y perjudicar las relaciones de pareja… la persona tiene la sensación continua de falta de control sobre sus impulsos…” A todos (o a la mayoría) nos gusta el sexo. Pero de ahí a que guíe nuestra vida va un trecho. Y, como vemos, no podemos hablar de adicción si no se convierte en el centro de nuestro quehacer diario. Sólo es adicto, médicamente hablando, aquel que organiza su vida alrededor y en función de su adicción. Y un día tras otro (no sólo un día concreto en que, por las circunstancias, apetece y hemos de hacer equilibrios para conseguir estar solos con nuestra pareja). Creo que, para la mayoría, no es el caso.
¿Se conoce algo sobre las personas predispuestas a padecer este “problema”?
El Dr Patrick Carnes (http://www.pinegrovetreatment.com/patrick-carnes.html) , que ha sido el galeno de nuestro deportista de élite, y que viene trabajando en este campo desde hace años, cifra en un 6% los hombres y en un 3% las mujeres que, cuando se unifiquen los criterios para definir la Adicción al sexo, los cumplirán. Pero, dado que no es una enfermedad oficialmente aceptada, no existen estudios que permitan conocer los rasgos que caracterizan a esas personas, ni si hay una serie de factores de riesgo que puedan hacer que una persona se convierta en adicta al sexo.
Así que sólo un 6% de los hombres y un 3% de las mujeres cumplirían criterios, según el Dr Carnes. ¿Significa eso que a las personas no les gusta el sexo?
Nada más lejos de la realidad. De hecho, el propio Dr cifra en un 40% los varones que desearían practicar más sexo del que practican. Y un 20% de las mujeres también desearían más actividad sexual con su pareja. Pero, como hemos visto, entre eso y ser adicto, hay una diferencia importante. Deberíamos, pues, hablar con más propiedad al decir que somos adictos al sexo. Y ahora mismo, me vienen a la cabeza varios casos de famosos que, en su día, fueron catalogados de una enfermedad que, como vemos, no existe (al menos, entre los documentos y bibliografía médica oficial).
De todas formas, por si aún quedan dudas al respecto, y como toda verdad siempre tiene dos caras, en el siguiente enlace (http://audioconsejosmedicos.blogspot.com/2010/05/eres-un-adicto-al-sexo.html) encontrarán algunos rasgos de los que catalogarían al teórico adicto al sexo, así como un test con seis sencillas preguntas para saber si usted puede padecer este problema. ¿Se anima a realizarlo?
domingo, 2 de mayo de 2010
Sanidad cubana: 50 años sin recursos
Dos científicos de la Universidad de Stanford (EEUU), los Dr Paul Drain y Michele Barry, se han encargado de analizar la situación del sistema de salud cubano, y han llegado a la conclusión que la asistencia es similar a la que se puede ofrecer en países desarrollados, que disponen de mucho mayores medios económicos y tecnológicos.
Drain y Barry han constatado que la esperanza de vida en la isla, la cantidad de médicos per capita, el porcentaje de población correctamente vacunada, y el índice de mortalidad infantil (que suelen ser parámetros utilizados habitualmente en el análisis de salud de un país concreto) son los mejores de entre los países latinoamericanos, y pueden equipararse a muchos países con presupuestos económicos mucho mayores (de los denominados países del primer mundo). Y eso, pese a los citados 50 años de restricción en instrumental y medicación. Pero las dificultades, sin duda, agudizan el ingenio.
¿El secreto? No es sólo uno; son varios:
- La potenciación, por parte de los profesionales médicos, del autocuidado por parte de la población, cosa que los hace menos dependientes de los medicamentos. Y, a menos medicación, menos efectos secundarios (que en algunos casos pueden ser peligrosos). Además, una sanidad centrada en los medicamentos y en las exploraciones complementarias caras, como puede ser el sistema sanitario estadounidense, no es eficiente en términos económicos.
- Una buena red de centros de Atención Primaria, accesibles a la población, y donde ésta exprese sus necesidades, sus deseos en temas de salud y sus prioridades.
¿Esto es factible aplicarlo en Estados Unidos?
Ya veremos. Pero va a encontrar un obstáculo importante: En una sociedad en que existe el “hábito” (deleznable, sin duda) de demandar a los médicos/sanitarios ante el menor problema con el tratamiento pautado, o el diagnóstico realizado, los profesionales tenderán, cada vez más, a una medicina defensiva. Y ésta se caracteriza, fundamentalmente, por más medicación y pruebas complementarias (algunas de ellas, carísimas) de las estrictamente necesarias.
Esto, está claro, en el supuesto (es mucho suponer) que no existiesen intereses económicos por muchas de las partes implicadas.
jueves, 25 de marzo de 2010
¿Se puede ver con la lengua?
Nuestra historia de hoy tiene como protagonista a Craig Lundberg, soldado británico que, en 2007 sobrevivió a una granada en Basora (Irak), pero perdió el ojo izquierdo, y recibió heridas irreparables en el derecho.
Recientemente, el Ministerio de Defensa de su país ha decidido incluirlo en un proyecto para desarrollar un armatoste, el BrainPort, cuya intención es la de recuperar la visión. De esto se hizo eco el diario El Mundo, en su apartado de Salud (enlace: www.elmundo.es/elmundosalud/2010/03/16/tecnologiamedica/1268746688.html).
Bueno, en realidad, la frase “recuperar la visión” tiene trampa. No es realmente que recupere la visión, sino que el citado instrumento le permite procesar señales visuales, y convertirlas en eléctricas. Estas señales, dado que sus terminaciones nerviosas oculares han perdido su funcionalidad, son enviadas a otro lugar, con diferentes terminales sensitivas (la lengua en este caso), que sí reciben los estímulos y sí son capaces de procesarlos, enviarlos al cerebro, a su correspondiente área sensitiva, y traducirlos como algo comprensible para Craig.
¿Se ha entendido el proceso? ¿No? Intentaremos explicarlo más lentamente.
En toda percepción recibida por los sentidos, existe un receptor, que es donde llega el estímulo. En el caso de una persona con la visión íntegra, este receptor serían las neuronas que forman la retina (conos y bastones, entre otras). Este receptor transforma el estímulo lumínico (lo que vemos, los colores, las luces) en un estímulo de carácter eléctrico, que pueda ser enviado, por los correspondientes circuitos neuronales, hacia el área cerebral correspondiente (en el caso de la visión, el córtex cerebral occipital). Allí, se les atribuye un significado: Son procesados.
Ver circuito neuronal visual en el siguiente enlace: http://www.nmr.mgh.harvard.edu/~rhoge/HST583/doc/VisualCortex.jpg
Pero, en nuestro caso, no disponemos de los receptores para el estímulo visual (Craig no tiene neuronas retinianas funcionales); por tanto, no es capaz de convertir el estímulo lumínico en un estímulo eléctrico. Esto es lo que realiza el BrainPort: Unas gafas de sol con una cámara instalada.
De acuerdo: El estímulo ya ha sido convertido en electricidad. Pero, como todos sabemos, no podemos conectar cables eléctricos con los circuitos neuronales que llevan el estímulo visual hacia la corteza occipital. ¿Cómo podemos, pues, aprovechar estos estímulos? Pues estimulando otros receptores diferentes (en nuestro caso, como decía, linguales), y enseñando a la persona que, un determinado hormigueo (eso es lo que siente en la lengua), corresponde con un grado concreto de luz, de color, de profundidad. Evidentemente, esta estimulación no llega a la corteza occipital, sino al denominado córtex sensitivo (en el siguiente esquema, la denominada área somatostésica primaria http://www.anatomiahumana.ucv.cl/estructura/fotos/cortex2.JPG) En el esquema podemos ver que se encuentra verdaderamente alejada de la zona visual (en el lóbulo occipital).
No es perfecto, sin duda; pero es un avance importante en el terreno de la Biónica.
viernes, 5 de marzo de 2010
¿Podemos ir más rápido en la consulta médica? (Para pacientes)
De conflicto se puede tildar la situación que se establece cuando una persona acude a su centro de salud para resolver múltiples problemas, fruto de bastante tiempo sin acudir a la consulta (años, en ocasiones), y se encuentra con la realidad actual: Consultas masificadas, entre 7 y 10 minutos programados por visita, urgencias inesperadas a atender en el momento, llamadas telefónicas, tanto desde el mismo centro, como por parte de pacientes que utilizan este medio para aclarar sus dudas… Les puedo asegurar, desde el punto de vista del sanitario que ustedes se encuentran cara a cara, que vamos muchas veces agobiados de tiempo. “Parece que hoy estaba más distante que de costumbre, más borde…” he llegado a escuchar por parte de pacientes que se habían encontrado con un médico con un día especialmente espeso. Incluso les diría que a muchos de nosotros nos queda esa sensación los días que vamos contrarreloj.
Es por ello que cuando hace unos días tuve acceso al artículo publicado por el Dr Ronald Epstein en un diario de tirada nacional (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/puede/ensenar/paciente/ser/eficaz/consulta/elpepisoc/20100216elpepisoc_10/Tes) sentí cierta satisfacción: Por fin comenzamos a dirigirnos a los pacientes a la hora de explicar cómo realizar una comunicación eficaz en la consulta. Eficaz en términos económicos: Ahorro de tiempo.
Nosotros, los sanitarios, hemos de ponernos en el lugar del paciente (empatía): Entender sus miedos, asumir que quizás le cuesta expresar lo que siente, o lo que piensa, sus temores a la hora de preguntar cuestiones dolorosas, su miedo a la respuesta por nuestra parte, e incluso el temor a no expresar correctamente lo que quiere decir (la vergüenza a parecer ridículo). Son reflexiones del Dr Epstein, y lo cierto es que estamos de acuerdo.
Pero seguimos teniendo limitado el tiempo a dedicar a cada consultor (la lista de cada jornada laboral resulta, en muchos casos, una carrera contra el tiempo, se lo puedo asegurar).
¿Y el paciente puede hacer algo para conseguir ese tan ansiado ahorro de tiempo?
El Dr Ronald Epstein da unos consejos sencillos de llevar a cabo (al menos, en apariencia):
- Llevar una lista mental con los asuntos que queremos abordar en la consulta.
- Intentar ensayar, antes de entrar en consulta, cómo explicar lo que queremos explicar para, llegado el momento de expresarlo ante el profesional, no irnos por las ramas.
- Priorizar los temas a tratar. Una de las técnicas que nos han enseñado a los médicos a utilizar ante una persona que, habitualmente, consulta múltiples cosas, es la llamada “lista de la compra”, que consiste en enumerar todos los motivos de consulta al comenzar ésta. Si vemos que no vamos a poder abordar todos los temas de forma correcta, invitamos a los pacientes a elegir cuáles de ellos son los realmente importantes, y postponemos los demás a una visita posterior. Así, pues, tener claro qué es lo que realmente les preocupa a las personas consultantes ahorra tiempo y esfuerzo.
- Acudir con un familiar puede resultar útil. El Dr Epstein así lo indica. Él puede ayudar, tanto al paciente como al médico, a clarificar ciertos aspectos del síntoma que nos llevó a consultar. En este sentido, los médicos solemos ver muchas veces al acompañante como una traba, como alguien que va a saltar a las primeras de cambio, y va a entorpecer la consulta, y a demorar la resolución. El maestro en comunicación Francesc Borrell, en su libro “Entrevista clínica” (http://www.elmedicointeractivo.com/medicopaciente/pdf/1.pdf) intenta quitarnos miedos a ese respecto. Nos insta, de hecho, a verlo como un colaborador muy útil. Ya veremos si así es. Pero, a priori, mejor no desestimarlo. Quizás, eso sí, sería deseable que el acompañante tome una posición de consultor, no invasiva, que no entorpezca, como decíamos, la comunicación médico-paciente.
- Como cosecha propia, añadiría algún aspecto más: Sería deseable algo de empatía por parte del paciente hacia la labor del sanitario en determinados momentos. Cuestiones molestas, como pueden ser las interrupciones vía teléfono, o por compañeros que solicitan nuestra ayuda u opinión deberían ser tomadas como parte de la labor que desempeñamos en los centros de salud. No duden en pensar que también a nosotros nos perturban. Pero hemos de tomarlas como parte de la tan ansiada accesibilidad.
- Y si su médico/enfermera lleva retraso… ¡Paciencia! Estamos trabajando de la mejor manera que sabemos, y seguramente la persona que está consultando necesitaba ese tiempo extra. Quizás algún día nos toque a nosotros…
Como resumen, remitirlos al siguiente enlace, donde encontrará el “decálogo” (en realidad son sólo 9 las pautas escritas, pero permítanme el nombre) de lo deseable por los sanitarios en su interacción con los pacientes (espero no resultar demasiado exigente). http://www.reflexionesprimarias.blogspot.com/
Para aquellas personas interesadas en comunicación interpersonal (en este caso hemos hablado de la relación médico-paciente, pero como podrán entender, las pautas explicadas se pueden aplicar a muchos ámbitos de la vida social pública) remitirlos a las siguientes reseñas bibliográficas:
1. Borrell i Carrió; F. Manual de entrevista clínica. Ed. Doyma 1992.
2. Fernández Liria, A., Rodríguez Vega, B. Habilidades de entrevista para psicoterapeutas. 2002.
3. Revista “El Médico”, edición de 19/01/07, páginas 51 a 55.
lunes, 1 de marzo de 2010
Ahorrando tiempo en consulta
1. Si su médico le hace esperar, no se impaciente; está trabajando y en algunas ocasiones el trabajo se complica.
2. Tenga confianza en su médico. Comunicarse con él de forma sincera es fundamental para resolver sus problemas o dificultades.
3. Sea claro cuando explique los síntomas por los que consulta. Medite sobre lo que va a consultar e intente describir su realidad de la manera más objetiva.
4. Si piensa que se le puede olvidar algo, anóteselo en un papel, haga una lista de los problemas por los que consulta.
5. Siéntase libre para comunicarle sus dificultades, por muy íntimas que sean. Su médico tiene experiencia en estos temas.
6. Su médico le explicará todas las dudas respecto a su enfermedad y los tratamientos
más adecuados.
7. Si no le entiende, pídale que se lo explique con un lenguaje más sencillo.
8. Cumpla las normas y orientaciones, si tiene dudas respecto al plan de tratamiento, pida que se las de por escrito.
9. No maneje la medicación a su voluntad.
Etiquetas
- ¿Cómo se gestiona un centro de Atención Primaria? (1)
- ¿Cómo somos respecto a nuestra salud? (1)
- ¿Cuánto queda para la medicina distancia? (1)
- ¿Dormir separados es más sano? (1)
- ¿El trabajo es salud? ¿Hasta los 67 años? (1)
- ¿El uso de teléfonos móviles aumenta el riesgo de cáncer? (1)
- ¿Eres un adicto a Internet? Hagamos un test (1)
- ¿Eres un adicto al sexo? (1)
- ¿Hay algún tipo de chancletas más saludable que los demás? (1)
- ¿Las rubias son menos inteligentes que las morenas? (1)
- ¿Milagro o engaño? (1)
- ¿Podemos ir más rápido en la consulta médica? (Para pacientes) (1)
- ¿Por qué nos cuesta tanto aprender idiomas durante la edad adulta? (1)
- ¿Quieres que tu hijo no padezca un infarto cuando sea mayor? Dale un libro (1)
- ¿Realmente el trabajo afecta sobre nuestra salud? (1)
- ¿Realmente es el médico de familia el que tiene que controlar las bajas? (1)
- ¿se puede ver con la lengua? (1)
- ¿Se pueden justificar médicamente los milagros? (1)
- ¿Su pareja es un/una maltratador/a? Hágale un test (1)
- ¿Te sientes poco valorado en tu puesto de trabajo? (1)
- ¿Tendremos alguna recompensa si seguimos los hábitos saludables? (1)
- ¿Tiene usted osteoporosis? Pues beba cerveza… (1)
- ¿Tienes sobrepeso? ¿Padeces de impotencia sexual? (1)
- A las 8 de la tarde... completamente vacío (1)
- Ahorrando tiempo en la consulta (1)
- Anticonceptivo masculino: Las mujeres no se fían de los hombres (1)
- Bionica (1)
- Creo que me quieres colar una baja... (1)
- Dr. House: Tenemos una crisis epiléptica… (1)
- Duchas asesinas (1)
- El cuento de la mujer anciana y las cabras (1)
- El eCAP: Ángel o diablo (1)
- Estoy de guardia (1)
- Estudios que dicen que el teléfono móvil aumenta el riesgo de cáncer (1)
- Fibromialgia: No creo que tengas tanto dolor como dices… (1)
- Haz lo que yo digo; no lo que yo hago (1)
- Hoy he ido al hospital como paciente (1)
- La consulta (1)
- La lista de espera (1)
- La Maldición de Ondina (1)
- Las bajas de los controladores aéreos de El Prat (1)
- Lista de pacientes del día (1)
- Los adolescentes y menores de edad de nuestro país beben tanto como los universitarios (1)
- Los efectos de las drogas en la conducción (1)
- Los secretos del sistema sanitario cubano (1)
- Los visitadores médicos (1)
- Mamá: No me pidas más medicamentos para limpiarte por dentro (1)
- Peligros en los productos de higiene que utilizamos (1)
- Personas que se introducen objetos en el cuerpo (1)
- Placebo: El producto que cura (1)
- Rodeado de mujeres (1)
- Un entrenamiento cerebral (Brain Training) eficaz (1)
- Una intervención de ciencia ficción (1)